Desde hace algún tiempo ya tengo dándole vueltas en la cabeza a un sentimiento sobrecogedor y a la vez angustiante. Algo así como el equivalente emocional a estar flotando en una piscina de chocolate, nadando y disfrutando pero con el temor a ahogarte jajajaajaja y a la vez pensado en la piscina con chocolate y galletas que hay en el futuro…. Bueno, de todo ese pensar y sobre pensar que generan semanas laborales y días de guardias eternos, decidí sentarme a tratar de ponerlo en palabras.
Hay momentos en los que tenemos todo, estabilidad, amor, salud, logros. Y sin embargo, incluso en esa plenitud, aparece una doble sombra: por un lado, el temor de perder lo que tenemos; por otro, una inquietud insaciable que nos empuja a buscar más.
A este fenómeno que parece no tener definición aceptada, lo llamo vértigo de la plenimelancolía expansiva: la coexistencia de gratitud y melancolía ante la abundancia, combinada con la ansiedad por alcanzar nuevas metas y experiencias. Es el dilema de quien, como uno, aun sintiendo que estas ( o casi) en la cima, piensan en las próximas montañas por escalar.
Este término es una evolución del vértigo o tristeza de la plenimelancolía, que describe la mezcla de plenitud y tristeza ante lo efímero (término también inventado).
La versión “expansiva” incorpora un componente adicional: la ansiedad constante, entendida como el impulso inagotable de añadir más logros, más proyectos y más experiencias al horizonte, aun cuando la vida ya está llena.
Componentes:
Plenimelancolía → gratitud teñida de melancolía. Vértigo por la abundancia → mareo emocional ante la fragilidad y lo efímero de lo logrado.
Síndrome de la cumbre → inquietud después de alcanzar grandes metas. Angustia de plenitud → tensión existencial de poseer algo que no es eterno. Ansiedad expansiva → impulso irrefrenable de buscar siempre más, que impide reposar en el presente.
Etimológicamente, combina plenus (lleno), melancholia (tristeza) y “expansiva” para subrayar la proyección hacia más allá del presente.
Científicamente hablando
La psicología positiva ha descrito el fenómeno de la adaptación hedónica (hedonic adaptation), que nos lleva a acostumbrarnos rápidamente a lo bueno y buscar nuevos estímulos.
La ansiedad expansiva encuentra explicación en la neurociencia: el circuito dopaminérgico se activa intensamente ante la anticipación de una meta, pero una vez alcanzada, la liberación disminuye, generando una sensación de vacío que empuja a fijar nuevas metas
En paralelo, otros estudios muestran que el cerebro activa regiones de vigilancia y ansiedad (amígdala, corteza prefrontal) incluso en escenarios positivos, anticipando pérdidas o cambios.
Filosóficamente hablando:
Frankl advertía que la voluntad de sentido puede degenerar en una “voluntad de acumulación” si la vida se mide solo por logros. Kierkegaard habla (o hablaba) de la “angustia de la posibilidad” como vértigo ante lo que podría venir, y Nietzsche, con el “eterno retorno”, nos confronta con la pregunta de si viviríamos igual esta búsqueda incesante una y otra vez.
El budismo, por su parte, define este impulso como tanha (sed insaciable) y enseña que la sukha (paz) surge no de negar el deseo, sino de no convertirlo en cárcel.
Y la cultura o literatura ?
La cultura contemporánea alimenta esta ansiedad expansiva: redes sociales que muestran vidas “siempre en ascenso”, modelos de éxito que parecen no tener techo, y una narrativa donde detenerse equivale a estancarse.
En la literatura, autores como Murakami retratan personajes que, aun logrando lo que quieren, sienten que algo invisible sigue faltando.
En Conclusión?
El vértigo de la plenimelancolía expansiva es el reflejo de un tiempo en el que la abundancia no garantiza paz. Vivimos en un péndulo emocional: tememos perder lo que tenemos y tememos no tener suficiente para mañana.
La salida no es renunciar a las metas, sino aprender a saborear el presente sin condicionarlo al futuro. Como dijo Alan Watts: “No hay que huir del presente para buscar la felicidad en el futuro; la vida solo se puede vivir ahora”.
Carlos Vinicio Nava Lugo
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